Un verano diferente

 

 

Como pasar el verano de forma diferente

Pilar García Estévez

 

 

 

 

            Son las 4 de la tarde. Mi hija Pilar, de 6 años, se coloca la visera y sale corriendo hacia en “punto de encuentro” para reunirse con los otros niños de su edad y una monitora y dirigirse al campo de golf donde permanecerán hasta las 17.30. Me sacudo la modorra y me acerco a la tertulia que, como todos los días, se va formando debajo de los pinos. La tertulia es informal pero siempre  tiene un tema base. Ahora bien, ¿qué tema puede ser de interés común para un médico de Burgos, una profesora de instituto de León, un ingenierio de Kenia, un periodista de Madrid, un ama de casa de Vigo, un industrial de Orihuela, un juez italiano, un arquitecto de Málaga, un filósofo de Lisboa…?. La respuesta está relacionada con los motivos que han reunido en pleno mes de agosto en un lugar de  las montañas orensanas a gentes, en principio, tan dispares.

            Vamos a situarnos: es agosto y estamos en la estación de montaña de Manzaneda (Orense). Este es, en principio, un lugar destinado a la práctica de deportes invernales, pero aquí estamos 30 familias con sus correspondientes churumbeles dispuestas a pasar un verano diferente, lejos de la playa pero cerca de nosotros mismos, de nuestras familias y de otras familias, que como nosotros, tienen la intención de aprovechar el tiempo de descanso para “construir la familia” y mejorar como personas. Se trata de una iniciativa del Centro de Orientación Familiar Valdomar (Vigo) que bajo el nombre de “Un verano diferente” lleva 9 años organizando estos veraneos, un tanto atípicos en los que el descanso se combina con la convivencia familiar, la práctica del deporte y la preparación para ser mejores padres e hijos. Aprovechamos el hecho de que la estación de montaña cuenta con instalaciones adecuadas (apartamentos, restaurante, cafetería) así como de un equipo de monitores profesionales muy competente que se ocupa de organizar las actividades de tiempo libre de chavales y adultos.

            En nuestro caso este es el primer año que venimos sólo con nuestra hija pequeña. Tenemos otros 4 hijos (entre 17 y 22 años) que este año no han podido venir pero que guardan un recuerdo excelente de los veranos en Manzaneda.

            Habitualmente la tertulia es para los padres pero hoy han acudido también los chavales mayores (de 13 años en adelante) que quieren aprovechar para plantear las cuestiones que les parecen importantes en sus relaciones con los padres. No es sorprendente el tema que sale enseguida a la palestra: las salidas nocturnas y la hora de llegada. El planteamiento de los  chicos es sumamente sincero y distendido. Tratan de recordarnos como éramos nosotros a su edad y nos demuestran que muchas cosas sólo han cambiado en las formas pero que substancialmente los objetivos y las preocupaciones son los mismos. Cómo es lógico el punto de vista de los padres no coincide y la discusión se hace animada pero no agria. No llegamos a un consenso pero tampoco era ese el objetivo. De lo que se trataba era que tanto padres como hijos sepamos un poco más los unos de los otros.

  Son las 17.30 y los pequeños vuelven de las actividades que han desarrollado con los monitores dispuestos a merendar. Hay que terminar la tertulia por hoy, pero han quedado muchos puntos sin tratar que discutiremos otro día. 

            Pilar recoge la merienda en la cafetería y se queda jugando con sus amigos hasta las 18.30. A esa hora volverá con los monitores a realizar otra actividad. La de hoy consiste en enseñarles técnicas de orientación y manejo de brújulas. Mi marido y yo aprovechamos para bajar a Trives a repostar gasolina y comprar algunas cosas. Otros padres se han acercado al rocódromo para intentar, con mayor o menor fortuna, escalar la pared.

            Cuando regresamos de Trives, nos sentamos en la terraza de la cafetería. Allí se ha formado una tertulia espontánea en la que un par de economistas de Madrid están dando consejos sobre inversiones en bolsa. Otro grupo habla de deportes y el resto están vigilando a una serie de pequeñajos que siempre están dispuestos a situarse en la posición más peligrosa posible

           A las 21.30 nos acercamos al comedor. Todos disponemos del correspondiente ticket que nos acredita como participantes del grupo Valdomar (nombre del centro de orientación familiar de Vigo que organiza este verano diferente), tomamos nuestra bandeja y nos acercamos al autoservicio. Casi todos los matrimonios, salvo los que tienen niños muy pequeños, estamos solos. Los chavales prefieren cenar con los de su misma edad. Los adolescentes, en concreto, se sientan juntos en la mesa del fondo.

         Después de cenar nos dirigimos a la cafetería de abajo. Como somos 150 personas, casi todo los días es el cumpleaños de alguien. Hoy es Darío el que cumple 6 inquietos años. Hay tarta para todos y después baile. Me recuerda un poco las fiestas de los pueblos. Aquí bailan juntos desde  la niña de un año a la madre  de familia con 7 hijos. En el intermedio, todo el espectro de edades y procedencias. A nosotros el baile no nos tira mucho y mi hija está muy cansada así que nos retiramos hacia las 11 pero el personal sigue moviendo el esqueleto o jugando a las cartas y al ajedrez hasta después de las 12.

           Al día siguiente sigue haciendo mucho calor, incluso aquí en la montaña. Como todos los días, Don José Mario sube desde Castro Caldelas para decirnos misa a las 9.45 en la salita de la televisión. Este año preside una imagen de la Virgen del Rocío que ha traído un matrimonio de Algeciras. La celebración se realiza con el ruido de fondo de los más pequeños que juegan en el jardín. Al terminar nos dirigimos al comedor para desayunar. Es un placer poder hacerlo sin prisas, untando el pan con calma y sin pensar en lo que hay que hacer durante el día. Nos dirigimos después a nuestro apartamento. Cómo sólo somos tres, este año tenemos uno de los apartamentos más pequeños. Pilar se pone a trabajar en el cuaderno de vacaciones mientras mi marido lee el periódico y yo lavo algunas prendas. A las 11.30 hemos terminado. Pilar se va con su grupo y una monitora a montar a caballo y yo me acerco al curso de orientación familiar que imparte Luis. El tema de este año es sugerente: “El eclipse del varón” y se centra en el papel del padre en la familia.

     Hacia la una me reúno con mi hija en la piscina cubierta. No tengo muchas ganas de bañarme así que opto por tumbarme un rato al sol. Después comer nos vamos al apartamento hasta la hora de la tertulia. Una de las cosas que desde mi prosaico punto de vista hacen a este veraneo diferente es el no tener que hacer compra ni comida ni preocuparse de cuantos vienen hoy a cenar. Se agradece que uno de los planteamientos básicos de este veraneo sea que las madres de familia podamos descansar. Aquí hay tiempo para leer, para pensar, para hablar con el marido, para pasear e incluso hay tiempo para no hacer nada.

            Aquí no hacemos grandes planes de diversión ni montajes espectaculares. Precisamente “el truco” está en aprender que se lo puede pasar uno bien sin “cosas”, simplemente tratando a las personas. Creo que ese es el descubrimiento más importante que realizan los adolescentes que aquí están. A pesar de que tienen actividades programadas, su principal actividad es hablar y hablar, sin música que les aturda ni productos de consumo que les distraigan. Es difícil ser consumista en Manzaneda. Lo máximo que se puede comprar son helados y chocolatinas. Hay una máquina de videojuegos pero está estropeada, así que un problema menos. En cuanto a los mayores, que nadie piense que somos un grupo cerrado o una especie de batallón entrenado para actuar al unísono. Aquí no hay obligaciones y cada cual se monta el plan diario como le parece y de acuerdo con sus preferencias intelectuales o deportivos. No me resulta fácil describir el ambiente porque es sencillo y descomplicado y su principal virtud es precisamente la ausencia de consignas y de intereses creados.

            Este año si hemos tenido un pequeño montaje. El año pasado decidimos encargar una Virgen de piedra y regalarla a la Estación para que presida las actividades. Es una reproducción de Nuestra Señora de la Franqueira y se venerará bajo la advocación de la Virgen de las Nieves. La imagen se ha colocado sobre una roca cerca de la subida al telesilla. La ceremonia en que se bendijo la imagen fue muy emotiva. Aparte del grupo Valdomar, asistió el personal de la estación y varios veraneantes. Allí, a los pies de nuestra señora de las Nieves, celebramos una misa de campaña en su honor. Eramos gente de todas las edades, de todas las procedencias, de profesiones muy diversas. La mayoría no nos conocíamos antes de venir aquí y, sin embargo, a todos nos animaba un ideal común: la convicción de que con este verano no sólo descansábamos sino que contribuíamos, aunque fuese modestamente, a hacer un mundo un poco más humano y también un poco más sobrenatural.

            Para mí al menos, este es el resultado más importante: El mundo está mal, la familia está mal, la sociedad está mal, pero se puede hacer algo. Podemos ser diferentes y, sobre todo, podemos ser mejores y nuestros hijos pueden ser mejores que nosotros. Un verano diferente es sólo una de las muchas semillas que nos pueden ayudar a construir un mundo diferente. Nuestras forma de hacer familia no consiste en crear familias alternativas sino en dar una alternativa a la familia de siempre para hacerla siempre igual y siempre diferente.

           

 

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